Gabriel Ojeda: «Soy un fanático, vivo y respiro fútbol las 24 horas»

Tiene 31 años y hace 23 que está en el club. Con 315 partidos, es el caudillo y la voz de mando de Juventud.

Gabriel Ojeda es el caudillo de Juventud. A punto de cumplir 32 años, tiene una vida ligada al fútbol y a los colores azul y amarillo. Hace 23 temporadas que está en la institución del «Bajo». Es un referente, a pesar de que cultiva el perfil bajo y no le gusta hablar mucho, tiene mucha llegada a sus compañeros y es un líder muy positivo. Puede jugar de central o de lateral; donde lo pongan nunca desentona. Pasaron varios DT y trajeron muchos refuerzos, pero un lugar en la última línea siempre está reservado para «El Leche», quien disputó 315 partidos en el club. Sueña con jugar en Primera División. Y dice que si no fuera jugador se hubiera inclinado por la Kinesiología o la Educación Física.

«A los 9 años empecé en el club. Mi viejo me llevó a mí y a mis dos hermanos. Toda una vida en Juventud. Es mi segunda casa. La institución que me formó y me dio todo», comenzó diciendo.

Siempre tuvo bien en claro que quería ser futbolista. De chico le apasionaba jugar a la pelota con los amigos del barrio. Y cuando no estaba jugando un picado, estaba mirando algún partido por la tele. Se imaginaba estar ahí, con la camiseta de un club y recibiendo el aliento de la gente. El fútbol es una forma de vida para Gabriel. «Es una manera de vivir que tengo. Soy un fanático, vivo y respiro fútbol las 24 horas», aseguró

Es una especie de comodín de la defensa. Puede jugar en cualquier lugar de la última línea. Si bien es cierto que se siente más cómodo de marcador central, también se puede mover de lateral; hasta jugó de doble cinco. «Me siento más a gusto de central. Si tengo que ocupar otro lugar porque el entrenador cree que puedo ser útil no tengo problemas, pero si me das a elegir, no dudo y prefiero pararme como central», aseveró.

Tiene como mayor virtud ser tiempista. Es un defensor con mucha repentización que trata de adelantarse a la jugada. Mide 1,79 metro, no es tan alto para el puesto, pero también va bien de arriba. La capacidad de anticipo es su mayor fuerte. «Soy paciente y manejo los tiempos. Son cosas que fui aprendiendo con el tiempo y las fui incorporando».

En su larga carrera tuvo muy buenos partidos, pero elige uno con Estudiantes por la Copa Xilium. «Ese día me salieron todas. Jugué bien y hasta hice un gol, que fue sobre la hora y sirvió de desahogo. Había mucha gente en La Punta y le dimos una alegría al hincha de Juventud».

A la hora de traer a la memoria goles del «Juve», dice que el que más gritó fue uno de Marcos Fernández a Deportivo Madryn. «Fue el 5-4 sobre el final del partido. Nos sirvió para clasificar. Corrimos siempre de atrás en el resultado; por suerte lo pudimos dar vuelta, y después terminamos ascendiendo a la Primera Nacional», recordó.

Hace una pausa en la charla con El Diario de la República. Es momento de hablar de los entrenadores que lo marcaron. Asegura que tuvo muy buenos DT, pero se queda con tres. «‘El Pollo’ Civallero me enseñó mucho y fue el que me dijo que tenía que ser marcador central. Me vio condiciones para el puesto. Gerardo Quiroga, que se la jugó y me hizo debutar en Primera con 17 años; y ‘El Pomelo’ Marini, que por su forma de ser y manejarse me dejó mucho aprendizaje. Les agradezco a los tres porque ellos también forjaron a este jugador que soy ahora».

La pandemia le puso el freno de mano a la actividad, pero Gabriel Ojeda no se relaja. Sigue entrenando. Tiene una rutina. Sabe que de un momento a otro puede regresar el fútbol. Mientras aprovecha este parate para estar más tiempo con la familia, «El Leche» no ve la hora de saltar nuevamente a una cancha. Extraña el vestuario. La adrenalina del día a día. Jugar esos partidos por los «porotos». Quiere seguir siendo el caudillo y abanderado de este Juventud que sueña con regresar a la Primera Nacional.

Gabriel Ojeda, el hombre que vive y respira fútbol las 24 horas, es la voz de mando que tiene Juventud. Un líder por naturaleza. El patrón de la defensa.

NOTA Y FOTOS: EL DIARIO DE LA REPÚBLICA